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Las mujeres también crían Cebú


A propósito de que en marzo se conmemora el Día Internacional de la Mujer, aprovechamos para realizar una entrevista a una criadora de ganado cebú de Chiapas. Aquí dejamos su historia.

 

Semblanza de Adriana Orantes Coello

Licenciada en nutrición y ciencias de los alimentos, especializada en calidad Membresía: 1637 - Ganadería Peña Blanca

 

Todo comienza cuando Adriana Orantes era una niña, su padre don Francisco Javier Orantes Balbuena era dueño del rancho del que ahora ella es la representante. “Desde pequeña observé el trabajo de mi papá y eso me hizo interesarme en el ganado”.

Su padre empezó como un joven emprendedor de su época con la compra-venta de novillos, se fue interesando en la raza Gyr y después en el Sardo Negro, que es la raza principal del rancho actualmente, junto al ganado F1.

“En la época que estudié, venía de vacaciones al rancho; aunque estuve fuera de Chiapas, siempre estuve vinculada con la actividad del rancho, todo con el objetivo de tener una excelente producción de leche”. Tenía mucha comunicación con su padre, tanto así que le hacía sugerencias con todo lo que ella aprendía en la universidad.

Lograron tener una fábrica de quesos y Adriana enfocó sus estudios hacia la industria de alimentos (principalmente lácteos), en Puebla.

Se hizo cargo de esa planta como gerente alrededor de tres años y organizó a algunos productores de leche para trabajar e invertir en la sanidad del producto para obtener mejores ganancias.

“Trabajamos en equipo y por el desarrollo de los demás, esa fue una pieza fundamental, porque en el campo los productores son muy individualistas, pero aprendimos a cambiar la forma de pensar para trabajar en sociedad”. Actualmente la planta no está trabajando porque en 2008 Adriana tuvo que salir y no hubo quien la liderara.

“Decidí tomar las riendas del rancho de mi papá a partir del 2008, lo hice con muchísimo gusto pero fue como entrar de golpe, considerando que como todo rancho, el nuestro tenía las áreas de producción de leche, producción de raza pura y venta de novillos”.

Adriana compartió que se dedicó de lleno al rancho porque su papá se enfermó y falleció y ella tenía que resolver todo: sueldos, inventarios, presupuestos, definir si conservaban el Sardo Negro, cómo obtener alimentos, disminuir costos.

De acuerdo con la experiencia de Adriana, involucrarse y ser la líder de su rancho fue difícil porque los ganaderos no tenían la cultura de escribir, de anotar, de llevar registros, “y pues en el caso de mi papá, él traía la computadora en la cabeza, así que me tocó hacer la primera parte del inventario general de terrenos, hacer contacto directo con los vaqueros, y aunque sabían que yo estaba trabajando con mi papá, dudaron de mí por ser mujer, pensaban: ahí viene la hija…, y ahora, ¿qué va a hacer?…, no sabe… su papá lo hacía de otra manera...”.

Aunque fue un trabajo arduo, logró que su gente le tuviera confianza en la toma de decisiones, les dio capacitaciones sobre qué sembrar y cuándo, hacer silos, inseminación artificial, manejo de potreros, cursos de veterinaria. “Gracias a nuestro padre, mi familia está aquí, siempre nos involucró en las actividades del campo, en el trabajo”.

En torno al machismo que impera en las actividades del campo, comentó que ha sido difícil lidiar con las circunstancias, “al principio llegaron a querer verme la cara en cuanto a los precios que me ofrecían, pero aprendí y dije: señores, me levanto, ¿qué vamos a hacer?: disminuir costos en comida, dar mantenimiento, hacer silos, utilizar cercos eléctricos, mejoramiento de ganado, disminuir el uso de químicos, hacer sustentable al rancho”.

 

Adriana mencionó que las claves fundamentales para llegar a dónde está fueron la decisión, la determinación, el ejemplo de su padre, la honestidad, la perseverancia y luchar por los sueños

 

“Veo al machismo como una inseguridad de la persona, algunos hombres piensan que tienen el derecho de decir lo que tenemos qué hacer, me pasó con mi propia familia, pero no lo permití. Muchos de mis clientes no quieren negociar conmigo, prefieren negociar con mi vaquero antes de hablar directamente conmigo”.

Mencionó que las claves fundamentales para llegar a dónde está fueron la decisión, la determinación, el ejemplo de su padre, la honestidad, la perseverancia y luchar por los sueños.

“Aprendí de mi papá, incursionó con un tipo de ganado que no había en el estado de Chiapas, fue uno de los primeros qué inició el registro de ganado en la zona, también participó en cursos de capacitación y concursos de fincas; todo eso lo heredé y siempre me lleva a pensar que todo va a salir bien”.

Además expresó el profundo cariño, amor y pasión que le tiene a la tierra, “la gente me dice que no entiende como yo puedo ser feliz estando con una vaca que está preñando; me gusta todo el proceso, desde que se siembra una semilla, la metes al silo, hasta ver los resultados de la vaca que lo consume”.

Señaló que en su rancho son cuatro dueñas, “mi mamá, mis hermanas y yo, todas tenemos participación”.

 

Palabras a la mujer del campo

“Deben agarrar al toro por los cuernos y salir adelante, no darse por vencidas, uno se puede equivocar muchas veces, se puede caer, de hecho me he caído del caballo y me he golpeado pero Dios me manda fortaleza para seguir, no nacimos sabiendo todo, cada día es de aprendizaje. Luchen y no se den por vencidas, todo es posible”.


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