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¿QUÉ CONSUMIMOS?


Los humanos evolucionamos alimentándonos con una gran variedad de animales libres, cazados en su hábitat (insectos, aves, lagartos, porcinos, gatos, primates, bovinos, peces y más); y en la recolecta de frutos, verduras, plantas y raíces de temporada. Mientras fue así, la muerte era por causas naturales (muerte neonatal, de las madres al dar a luz, por infecciones o fracturas, accidentes de cacería, entre otras) y no sufrían las enfermedades de moda (cáncer, diabetes, síndrome metabólico, Alzheimer, Parkinson y todas las crónico-degenerativas).

Este deterioro en nuestra salud se debe en gran parte a nuestra mala alimentación, basada en poca variedad de proteínas (puerco, res, po - llo y pescado en su mayoría); vegetales traídos de todos lados, siempre disponibles, cultivados masivamente; y de la ingesta de productos aprobados para el consumo humano, que están muy lejos de poder ser llamados alimento.

Estos animales que consumimos, viven en jaulas diminutas, comen forrajes (como el maíz), que su sistema digestivo no está preparado para recibir y que está diseñado para engordarlos de la forma más eficiente posible; ingieren antibióticos y otros productos quí - micos que reducen la capacidad de sus siste - mas inmunes y los hacen más vulnerables a las infecciones y enfermedades crónicas. Por todas estas razones, la carne, los huevos y la leche y sus derivados, que provienen de estos animales son diferentes a los de hace solo sesenta años y han alterado los cimientos de nuestra dieta.

En realidad, hoy en día, los animales de granja viven muy alejados de sus alimentos naturales como la hierba, y confinados a jaulas la mayor parte de su vida, por lo que no tienen el movimiento que su genética espera en la búsqueda del alimento. Estas crianzas con procesos industrializados dan como resultado, animales poco saludables que se vuelven materia prima de nuestra alimentación o, peor aún, de nuestros alimentos procesados.

Por desgracia, la situación no es mejor para las verduras, las frutas y otros alimentos derivados de los vegetales. Un punto en co - mún entre la producción de alimentos cárnicos y la de vegetales es la interferencia masiva de la industria agropecuaria en la ecología de los animales de granja, plantas y organismos mi - crobianos. La producción industrial del maíz, soja y trigo dependen en gran medida de los fertilizantes y los pesticidas que se usan para mantener de forma artificial el crecimiento y dominación de estos cereales por encima de otras especias con las que compiten, como las malas hierbas, y defenderlos de plagas e insectos perjudiciales.

Una de las razones clave por las que se necesitan cantidades cada vez mayores de productos químicos para mantener la salud y el predominio de estos vegetales, es el hecho de que los monocultivos genéticamente mo - dificados, que se extienden a lo largo de kilómetros y kilómetros de paisaje, han perdido su diversidad natural tanto en lo referente a la variedad genética de los cultivos como de la heterogeneidad de otras especies que coexisten con ellas, así mismo están produciendo cambios igual de drásticos en la diversidad de los microorganismos que viven en la tierra, en los microbiomas intestinales de las abejas y las mariposas, cuyas poblaciones están en declive, y en los microbios que viven en nuestro tracto gastrointestinal. Hoy en día sabemos los grandes daños colaterales que el incremento del uso de los herbicidas (como el glifosato), necesarios para vencer la resistencia de las malas hierbas a estos productos químicos, tiene sobre el microbioma intestinal humano.

Por lo que es fácil concluir que los productos que provienen de esos animales estresados y con enfermedades crónicas, y de esos monocultivos, no pueden ser saludables ni buenos para nuestro consumo. Así que la próxima vez que compremos leche, huevos, filetes o costillas de cerdo en el supermercado, pensemos que es probable que procedan de animales que han sido severamente modificados por las condiciones deplorables en que han crecido, la dieta artificial que han seguido, nada ade - cuada para su sistema digestivo, y la medicación que han recibido; todo eso degrada la función óptima de la relación entre nuestro aparato digestivo, la flora intestinal y el cerebro, e impacta negativamente en nuestra salud en general, desencadenando obesidad, trastornos del espectro autista y neurodegenerativos, como el Alzheimer y el Parkinson, entre otras enfermedades.

Después de traer lo anterior a colación, ¿qué pensaría si ahora le digo que criar su ganado pastando y haciendo lo que su genética espera, no sólo es más saludable para el consumidor, sino que también tiene menos impacto medioambientalmente hablando y, lo más importante, es más económico para usted? Pues es así, se logra con la Ganadería de Precisión, mediante la que se imple - menta tecnología para el manejo eficiente del ganado, estimulando sus genes para su bienestar y esto se consigue mediante la Nutrición y el Pastoreo de Precisión, sistemas desarrollados en Agroinvic y que están al alcance de todos los productores.



Nombre: Redacción Redacción
Ocupación: Editor

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